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Chamorga

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gerardo oronoz alonso

gerardo oronoz alonso

11/03/2012

Introducción: La ruta de hoy nos lleva hasta el Caserío de Las Palmas de Anaga, situado en la costa noreste del Macizo de Anaga, en la isla de Tenerife. Sólo se puede llegar caminando, ya que carece de otras vías de comunicación. Como llegar: Desde el barrio marinero de San Andrés subimos por la carretera de El Bailadero, denominada TF-12, hasta el punto kilométrico 12, aproximadamente, donde nos encontraremos un cruce con la señalización de Chamorga. Avanzamos y, a pocos metros del cruce, se encuentra el Mirador de El Bailadero desde el cual podemos observar unas impresionantes vistas del Valle de Taganana, Roque Amogoje, Roque de Enmedio, Roque de Las Ánimas y Taborno. Reanudamos la marcha y nos adentramos en el Parque Rural de Anaga. Dejamos atrás el Albergue Montes de Anaga, a nuestra izquierda seguimos teniendo vistas de Taganana y a nuestra derecha el litoral de San Andrés. Tras 12 kilómetros de sinuoso camino llegamos a Chamorga, no sin antes dejar atrás el Caserío de Las Bodegas, La Cumbrilla y un corto túnel. Dejamos el coche en la parada del bus, detrás de la Ermita y Plaza de Chamorga. Seguimos por la carretera, contemplando a nuestra izquierda cuatro hermosos dragos, los cuales han sido plantados por los vecinos, y llegamos al Bar Casa Álvaro. Itinerario: (11,34 h.) Salimos por el camino que se encuentra a la izquierda del Bar, subiendo rumbo a Montaña Tafada, con 603 metros de altitud. Al coronar la ladera del Roque Bichuelo (645 metros de altitud) giramos a la izquierda. Posteriormente ascendemos por una escalera de piedras, vallada en algunos tramos del recorrido, divisando a nuestra derecha el sendero que nos lleva al poblado de Roque Bermejo. Pronto alcanzamos las Casas Tafadas, punto de encuentro de varios senderos, procedentes de Cabezo del Tejo, Faro de Anaga, Chamorga y Las Palmas de Anaga. Antes de alcanzar esta antigua construcción, que antaño sirvió de granero y almacén de productos agrícolas, nos encontraremos el sendero que sube hacia el Mirador de Cabezo del Tejo y otro camino, señalado con un aspa, que nos conduce a Las Palmas de Anaga. Continuamos nuestra ruta bordeando la casa por la derecha e iniciando el descenso hacia el Faro. El sendero está bien señalizado en esta parte de la ruta. (12,20 h.) Avanzamos unos metros y ya podemos divisar, a lo lejos, los Roques de Anaga (Roque de Dentro o Roque de Tierra y Roque de Fuera). Nos encontramos en Montaña de La Cruz, donde los verodes se han adueñado del lugar. Seguimos el sendero de la costa y divisamos, al fondo, el Faro de Anaga *. Tras un prolongado descenso por un abrupto camino, con el mar a nuestra izquierda, llegamos al Faro. A la derecha, en la costa, podemos observar el caserío de Roque Bermejo. Este enclave es un poblado costero que se encuentra en el Parque Rural de Anaga, cuenta con un pequeño muelle, el cual servía para desembarcar los suministros del antiguo faro, una ermita dedicada a la Virgen de Candelaria, tierras de cultivo y varios caseríos. La mencionada ermita se encuentra actualmente bastante abandonada y el techo de tejas ha desaparecido. El sendero de la izquierda nos lleva a los Roques de Anaga, Las Palmas de Anaga y El Draguillo. Continuamos por este camino de la costa (con el mar ahora a nuestra derecha) y nos encontramos con una cueva natural, flanqueada por paredes de piedras, donde podemos detenernos para reponer fuerzas. (13,00 h.) Reanudamos la marcha y pronto nos encontramos de frente con un solitario drago, al lado de un cañaveral. También nos encontraremos con la Fuente del Junquito y un altar dedicado a Nuestra Señora de Lourdes. Pasamos por debajo de una gran roca, dejando el drago a la izquierda, avanzamos y observamos los Roques de Anaga de forma más nítida y cercana, apreciando todo su esplendor y sus aguas cristalinas. Desde nuestra atalaya divisamos casas y eras abandonadas, Las Breñas - Los Orobales, vestigios de lo que fueron estas tierras antaño: cultivos de batata, trigo y viñas. Iniciamos un sinuoso descenso, dejando atrás un viejo lagar (zona conocida como Las Breñas) y una casa abandonada debajo de una roca. Este viejo lagar se utilizaba para tratar la uva, repartiendo el mosto posteriormente por los caseríos de Anaga. Giramos a la izquierda en la zona de piteras y cruzamos el siguiente barranco. Ascendemos por el cauce de Barranco de El Higueral y continuamos subiendo por el borde del acantilado (cuidado aquí); hay un punto desde el cual se puede ver la costa de Taganana. (13,50 h.) Llegamos a Las Palmas de Anaga y comenzamos a subir por detrás de la primera casa que encontramos, dejando el Roque Aderno (460 metros de altitud) a la izquierda. En un terreno plagado de pencas y tuneras hay un desvío, a la derecha, que conduce a lo que antaño fue una Gran Hacienda, dedicada sobre todo al cultivo de la viña. Nos entretenemos un rato paseando por sus estancias y sus patios. También descubriremos en un anexo, la Ermita de San Gonzalo de Amarante. Subimos por el camino trasero de esta casona o volvemos al sendero. Bordeamos la última casa por el lado del barranco (no seguir los senderos de la izquierda que llevan todos al barranco) y enseguida nos damos cuenta de lo tortuoso y exigente que se presenta el ascendente camino, sin ninguna señalización; desde aquí la orografía del terreno muestra grandes dificultades, tanto por su verticalidad como por los obstáculos que nos encontramos en el trayecto. Frente a nosotros se encuentran el Roque Icoso y Cabezo del Tejo. (14,20 h.). Seguimos subiendo ya que tenemos que llegar a la mitad de la montaña y buscar un sendero a la izquierda, el cual nos llevará hasta las Casas de Tafada. Nos abrimos paso entre zarzales y ramas que cruzan nuestra ruta (es casi obligatorio llevar pantalón largo en este tramo si no queremos acabar con las piernas maltrechas), buscando en muchas ocasiones el camino. En nuestro trayecto nos encontramos una cueva: dentro hay asientos y la puerta tiene un trozo de madera en lo alto de los puntales para evitar que caigan piedras y bloqueen el acceso al interior. Tomamos el sendero de la izquierda para seguir ascendiendo y llegar a otra cueva, semicerrada con piedras. Todos los indicios nos confirman que esta vía hace tiempo que no se utiliza. Continuamos poniendo mucho cuidado a partir de aquí, por lo estrecho y erosionado que está el terreno, totalmente en pendiente, con poco espacio para pisar con firmeza y poniendo a prueba nuestra paciencia. El sendero nos da una tregua, avanzando ahora en horizontal por una vereda cubierta de ramas, en forma de túnel. (14,55 h.) Alcanzamos una zona totalmente cubierta de enormes verodes a ambos lados del camino, la cual podría llamarse, perfectamente, Camino de los Verodes. Llegamos a un saliente rocoso, situado por detrás del Roque Aderno, y coronamos la montaña, pasando por una cueva. Observamos la costa a nuestros pies. Seguimos en horizontal por la ladera de la montaña y desembocamos en una zona rocosa, desde donde se pueden ver las Casas de Tafada en el otro lado del barranco. (15,24 h.) Al ser una zona rocosa y de escasa vegetación, volvemos a perder el camino. Nos llenamos de sentido común y subimos la montaña que está a nuestra espalda para buscar una perspectiva mejor; oteamos los alrededores y descubrimos un sendero entre los árboles (tomamos las referencias oportunas y descendemos). Nos reincorporamos al camino y llegamos a las Casas de Tafada por el sendero señalizado con un aspa (X) que vimos al principio del recorrido. Ascendemos por el camino de la derecha hasta Chamorga. Esta zona está señalizada como campo de entrenamiento de perros de caza, en verano. Observaciones: Llegamos a nuestro destino siendo las 16,05 horas. La vegetación difiere según las zonas por las que pasamos: tabaibas, cardones, lechugas de mar, líquenes, dragos, higueras, tuneras y piteras en la zona de costa; Laurisilva *(Monteverde) en las zonas de interior. En cuanto a la fauna podemos encontrarnos con mirlos, herrerillos, canarios, petirrojos, perdices, conejos, cabras, gaviotas, roedores, perenquenes, palomas salvajes y pequeñas rapaces, como el ratonero común. El desnivel de esta ruta ronda los 600 m. y la duración está en torno a las 5,00 horas, aproximadamente. La distancia recorrida ronda los 12 kms. No es aconsejable ir con niños por lo peligroso del sendero, en algunos tramos. La ruta es circular. Mas información: Faro de Anaga: su torre llega a los 12 metros de altura y su óptica tiene un alcance de 40 kms; tiene la particularidad de ser de doble lente y es la única de este tipo en Canarias. En sus orígenes se alimentaba de aceite, posteriormente de petróleo y, en la actualidad, de placas fotovoltaicas. Laurisilva: el bosque de Laurisilva está compuesto de grandes árboles y plantas trepadoras, cuyas hojas se parecen a las del laurel (hojas lancoladas, muy anchas, duras y perennes), de lo que deriva el mencionado nombre de Laurisilva. Los Alisios, de componente noreste, son los vientos dominantes en Canarias. No son vientos que suelen originar lluvias abundantes, pero si están cargados de humedad. Cuando éstos vientos ascienden por las laderas de las montañas más altas, el aire húmedo se condensa y se forman masas nubosas, denominadas “Mar de Nubes”. Estas formaciones reducen y suavizan las temperaturas. Es en este entorno donde ha sobrevivido la Laurisilva, que es una formación boscosa compuesta de especies con hojas de tipo laurel (viñátigos, tiles, sanguinos, laureles, barbusanos, adernos, mocanes, delfinos y palos blancos), perennes y que se corresponden con las zonas orientadas al norte , entre 400 y 1200 metros de altitud, con temperaturas muy suaves todo el año, entre 12º y 14º C de media, y sin abundancia de precipitaciones; es el bosque de Laurisilva el que actúa de esponja, atrapando el agua entre su densa vegetación y aportando gran cantidad de agua al suelo. Por debajo de la Laurisilva se encuentra el Fayal - Brezal (acebiños, brezos, torviscas, fayas). Al conjunto formado por la Laurisilva y el Fayal - Brezal es lo que se denomina Monteverde. Aunque tradicionalmente se empleaba el término de laurisilva (que en latín significa ‘bosque de laureles’) para denominar a este bosque propio de los archipiélagos atlánticos de Canarias, Madeira y Azores, actualmente se prefiere usar el término de Monteverde. También destacar las flores y hierbas que constituyen el sotobosque, donde tenemos el bicácaro, bejeques, verodes, zarzas, hiedras y los helechos, entre otros. Santa Cruz de Tenerife a 13 de Febrero de 2012

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